ActualidadEducaciónSociedad

Edición 059: “El esfuerzo de la revolución”

El próximo lunes, nuestro país celebra la fecha en que se destituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, y se lo reemplazó por la Primera Junta de gobierno. Es un hecho histórico que ya conocemos de tanto trajinar en el tiempo. La revolución de mayo había empezado mucho antes, teñida de certezas y dudas. Es que no es fácil embarcarse en una empresa semejante.

Los eruditos del lenguaje hablan de esta palabra (revolución) y le asignan hasta siete significados, la acción y efecto de revolver o revolverse, el  cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional, el levantamiento o sublevación popular, o un cambio rápido y profundo en cualquier cosa, entre otras definiciones.

Para que se produzca un cambio a nivel social, tiene que, invariablemente, ocurrir un hecho que no sea considerado normal o beneficioso para una porción de la comunidad, de tal manera que un grupo de personas realice acciones, pacíficas o violentas, con la intención de torcer esa situación.

En el caso de nuestro país, en 1810 estábamos sedientos de independencia; por distintos canales de información, nos enterábamos que años ha, los americanos del norte se habían independizado de la Gran Bretaña, que en Europa los franceses habían hecho una revolución con asamblea popular, terminando con los privilegios de los nobles, pero también que esa Inglaterra estaba en medio de la revolución industrial, lo que los llevaría a querer invadirnos ansiando nuevas rutas comerciales.

Una revolución en sí misma no se autodefine como buena ni mala, hay probadas muestras en el planeta de revoluciones que han terminado con la vida de millones de personas sin justicia alguna. Otras, por el contrario, han brindado luz y avances significativos sobre la sociedad. Solo basta pensar en la revolución que causó el dominio del fuego y de cómo abrió toda una nueva perspectiva, ya que con la cocción de alimentos, la alimentación mejoró y por ende la forma de pensar. Piensen también en la rueda, en la palabra escrita, en la fotografía y finalmente en la más grande de las revoluciones que aún estamos viviendo, la informática.

¿Cuántas revoluciones hemos tenido?, montones y de todo tipo. Es que el humano es una máquina que funciona a base de satisfacción y todo cuanto no logra ese cometido, con el tiempo merece una revolución, y nombramos aquí a las internas, las que cambian nuestro destino. Hubo revoluciones que nunca llegaron como la “revolución de la alegría” de un gobierno democrático que pasó, la revolución de 1880, las revoluciones radicales, la revolución libertadora del 55 que masacró a tantos, la Revolución Argentina y su contracara, el Cordobazo y así podríamos seguir, solo hablando de nuestro territorio.

Hay ciertas revoluciones artísticas que conmovieron como el impresionismo, el pop, la Bauhaus. Pero no estamos aquí reunidos para intentar una tesis sobre el tema.

Se impone una nueva revolución. Algo que cambie nuestros esquemas, que nos sumerja en un lío interior, que ahogue viejos preceptos y nos haga, definitivamente mejores. Si bien estamos rodeados de personalidades que han marcado rumbos en materia de psicología y “como proceder”, es menester lograr una pequeña revolución, mansa, lúcida, iluminada, pero profunda.

Se trata de dejar fluir la mejor versión de nosotros. Tranquilos, pensantes, capaces de observar con respeto lo que otros tienen para decir, capaces de dar amor antes de si quiera intentar satisfacernos.  La revolución interior de cada uno de nosotros es quizás la empresa más difícil a la que nos someteremos. Pero ese resultado, sin ninguna duda, será glorioso.

Ninguna cita ilustra mejor esta editorial que las palabras del poeta Ralph W. Emerson: “Toda revolución fue primero un pensamiento en la mente de un hombre”.

Mostrar más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba
Cerrar