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Colonia Caroya y Jesús María: Entre la historia, deliciosos platos y buen vino

Distante a unos 85 Km de la ciudad de Villa Carlos Paz, y a 50 Km de la capital cordobesa, Colonia Caroya y Jesús María son sin lugar a dudas dos ciudades del Norte de la provincia, que tiene el encanto de la tradición arraigada en sus venas, y que deleitan al visitante en cada momento.

                Ubicadas sobre la Ruta Nacional N9 en el departamento Colón, desde nuestra ciudad se accede por la autopista Justiniano Allende Pose, hasta Córdoba capital y luego se toma la Ruta N9. Forma un aglomerado urbano con la ciudad de Jesús María, denominado Jesús María – Colonia Caroya, el cual cuenta con 47.770 habitantes INDEC 2010.

                Al ingresar a Colonia Caroya, nos deslumbra la Avenida de los Plátanos hoy Avenida San Martín (una arteria de 9 kilómetros cubierta de plátanos españoles, la más larga del país con esta característica), conocida así por la mayoría de quienes queremos dar una referencia a nuestros visitantes, que resguarda el monumento al Inmigrante y la plaza Nicolás Avellaneda, el principal espacio verde de Colonia Caroya, donde se realizan diferentes eventos.

                Recorrer sus calles, es un viaje a los sentidos, donde se mezclan caros recuerdos de los abuelos, el aroma de la salsa que acompaña la pasta familiar, el sabor de un salame casero aquel que los productores guardaron celosamente durante 21 días, y el buen vino que motiva el brindis del nuevo encuentro.

                En las zonas rurales, es común divisar las acequias que proveen de agua a toda la producción caroyense, salames, quesos y vinos de excelente calidad, son algunos de sus variados productos.

                Visitamos la Finca La Fertilia, donde la familia, dueña de este emprendimiento desde el año 1992 dedicado a los embutidos, chacinados y conservas, sostienen que su trabajo “es un homenaje a los nonos gringos”. Hermes, nieto Friulano, aprendió desde muy pequeño a elaborar los tradicionales salames, y en el 2001 inauguraron la cantina, siendo la especialidad de la casa las pastas caseras, y comidas de estación.

                Desde allí nos dirigimos hacia La estancia Jesuítica de Caroya, que junto a la Estancia Jesuítica de Jesús María, son dos de las cinco estancias jesuíticas cordobesas del interior provincial (Caroya, Jesús María, Santa Catalina, La Candelaria y Alta Gracia), las cuales, junto a la iglesia de la Compañía de Jesús, la Capilla Doméstica, el Colegio Nacional Monserrat y la Casa de Trejo, en la ciudad de Córdoba, han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, el 29 de noviembre del año 2000 y Museo Jesuítico Nacional.

                Espera por nosotros nuestra guía Eugenia, a quien se le iluminan los ojos cuando habla de los primeros tiempos de esta construcción que guarda en su muros más de 400 años de historia, La estancia de Caroya fue el primer establecimiento Rural de la Compañía de Jesús del año 1616, que durante el año 1661 fue adquirida por Duarte Quirós quien donó la propiedad para solventar el convictorio de Monserrat, y también funcionó como residencia de vacaciones de los estudiantes (entre los cuales se encontraba Nicolás Avellaneda), alguien muy importante, que sería el mentor de la creación de la Colonia. Los inmigrantes friulanos arribaron a estas tierras en unos vagones de carga del ferrocarril la tarde del 15 de marzo de 1878 (fecha fundacional de la Colonia).

                La casona de la estancia de Caroya, albergó al grupo de colonos hasta que pudieron construir sus primeras viviendas. Los primeros años fueron muy duros, por las condiciones del lugar, ya que era una zona seca y cubierta de monte, pero la tenacidad de estos inmigrantes en pocos años, logró transformar la tierra, construyendo un sistema de canales de riego que cambió para siempre la fisonomía del lugar, y donde antes había montes surgieron tierras cubiertas de sembradíos y frutales.

                Caminar por sus galerías es como volver en el tiempo… aquel donde la lucha por los ideales, la convicción de hombres fuertes, la cultura del trabajo y la familia era lo más importante.

                La tradición es característica de un pueblo donde encontramos: bodegas, circuito religioso y sabores regionales, excelente gastronomía y naturaleza se conjugan para dar al visitante múltiples opciones.

                Si de vino se trata, cabe recordar que en Córdoba nace con los jesuitas, que en el siglo XVII plantaron las primeras cepas en la Estancia de Jesús María, traídas por los españoles desde Perú e implantadas en diferentes regiones, luego la inmigración friulana de Colonia Caroya las mejoró hacia fines del siglo XIX; y hoy se producen cepas de uva tinta y blanca que fueron distinguidas con premios internacionales.

                Cuna del primer vino argentino, y de América, “El Lagrimilla”, fue degustado por el rey Felipe V de España, detalle que evidencia refinamiento y originalidad. Hoy Colonia Caroya integra el camino del vino en la provincia, que abarca la zona conocida como el Camino Real, donde se pueden vivenciar los aromas y sabores que le imprimen identidad a este pueblo, atendidos por sus dueños, La Caroyense, Terra Camiare, Di Candi bodega artesanal esperan a quienes quieran visitarlos.

                Merlot, Pinot Noire, Frambua, Merlot Dulce Natural, Cabernet, hacen a las delicias del lugar.

                En el año 2013, Colonia Caroya logró que el Salame Típico de Colonia Caroya fue reconocido como el primer alimento argentino con Indicación Geográfica (IG), es decir, un sello de calidad que garantiza la elaboración del salame según la receta y el procedimiento, acordados por una treintena de productores locales, junto a científicos y asesores del Ministerio de Agroindustria y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

                “Consensuaron una receta única, con valores máximos y mínimos”, y aclaran: “Todo salame que tenga el sello debe estar madurado en sótano, porque es donde surge el sabor particular”.

                El nombre de Colonia Caroya reúne la impronta de dos culturas que se sucedieron en este territorio: friulanos y vénetos. El término “Caroya” deriva del término Caroyapa, de origen quichua que significa “cara de cuero”. El salame de este lugar es un producto con identidad sensorial propia que permite diferenciarlo de otros salames similares. Diversos trabajos de evaluación sensorial permitieron asegurar que presenta un sabor particular, identificable y diferenciable de otros salames.

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                Siguiendo con el hilo de la historia, nos dirigimos hacia Jesús María, la ciudad es cabecera del Departamento Colón. Fue originalmente un poblado indígena llamado Guanusacate: “Agua muerta o bañado”, y gracias al asentamiento de los Jesuitas se fue desarrollando. Fuertemente conocida por su Estancia Jesuítica y su festival Nacional de Doma y Folclore, mezcla de historia y estirpe gauchesca con pinceladas de un paisaje natural que invita a recorrerla. La estancia Jesús María, dedicada a la producción vitivinícola, fue el segundo núcleo productivo del sistema creado por la Compañía de Jesús.

                La estancia incluye la iglesia, la residencia y la bodega, restos de antiguos molinos, perchel y tajamar. Desaparecieron la ranchería y los campos de cultivo y pastoreo. Construida alrededor de un patio central, cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, sobresale la edificación de arcos superpuestos. Construida en 1618, la Estancia de Jesús María, hoy Museo Jesuítico Nacional es uno de los sitios imperdibles para conocer en el norte cordobés.

                Descubrir la antigua estancia jesuítica -iglesia, residencia y bodega, así como los restos de antiguos molinos, perchel y tajamar-, es posible a través de un recorrido autoguiado. En él, se incluyen testimonios que recrean los espacios productivos de la época y se visitan, por ejemplo, los lugares en los que se molían las uvas para la fabricación del vino.

                Después de la expulsión de la orden, España prohibió la elaboración con vid y olivo en el virreinato para proteger a sus productores. La tradición renace con los inmigrantes friulanos en las primeras décadas de 1900 también en la zona de Colonia Caroya y Jesús María.

                Desde allí nos dirigimos hacia el campo de la doma: donde todos los años el Festival Nacional e Internacional de la Doma y Folclore de Jesús María es un evento de jineteada que se realiza en el anfiteatro José Hernández, que convoca a intérpretes de música folclórica y jinetes que realizan destrezas y tareas rurales. En el campo de la doma podemos visitar el museo donde los artistas que pasan por el escenario donan parte de sus atuendos para ser exhibidos en el lugar.

                Allí, su guía Melisa nos deleita con la historia del festival que es sinónimo de solidaridad. Donde todo lo recaudado es destinado a las cooperadoras de las escuelas de Jesús María. El Estado Argentino le otorgó la denominación Marca País (esto significa que este festival es sinónimo de República Argentina en todo el mundo. Todos los años durante la primera semana de enero tiene lugar el festival. Tierra festivalera, de gauchos, jinetes, doma y folclore son la marca registrada del lugar.

                Y así vamos dejando esta maravillosa parte de nuestra Córdoba, que nos dejó la sensación de haber viajado en el tiempo, aquel que marcó la impronta de una cultura que se mantiene viva en cada productor local y en cada residente.

                Guías de turismo profesionales, y agencias de viajes de la ciudad de Villa Carlos Paz, lo acompañarán en su próximo viaje.

Elizabeth Bocca
Técnico y Guía Superior de Turismo
Presidente de AGUIP

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3 comentarios

  1. Excelente nota !!!!
    Datos concretos con más el agregado de historias, vivencias y detalles de lo cotidiano.
    Gracias por esta oportunidad de aprender más sobre nuestra Provincia y sus habitantes!!

  2. Hermosa nota, con la impronta de un Guía de Turismo profesional, con profunda vocación de servicio y amor por lo que hace!! Un viaje a Caroya y Jesús María, a través de esas lineas. Felicitaciones!!!!!

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