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Violencia y prostitución: Renacer desde el horror

En esta nueva etapa de Bambacoop, tratamos de acercarnos lo más posible al alma humana, porque hemos entendido que lo realmente importante en la comunicación y el arte es “el ser”, “la persona”.
                Buscábamos una nota que reflejara el trabajo de las meretrices, ya que es un tema que poco se toca en los medios, pero entre idas y vueltas, entrevistas y notas nos topamos con Eva, quien no sólo hizo referencia a su trabajo, sino que mostró un costado mucho más sórdido, ya que lo que van a leer a continuación, tiene un alto contenido de violencia.
                Pero no es esto último lo que nos atrajo para una nota, sino su increíble espíritu de superación, el que esperamos pueda servir de ejemplo. Como corresponde, y atendiendo a su pedido expreso, hemos cambiado el nombre de la protagonista y algunos otros datos identificatorios para su protección.

                Eva tenía una familia bien constituida, en el mejor de los barrios de la ciudad, un hijo en edad escolar, un marido socio en una PyME y un empleo bien remunerado. “De repente me vi en las calles, en la ruta, llevando clientes a un hotel de mala muerte, no era gran trabajadora sexual, quizás por mi inexperiencia, pero llegué a hacer cuatro por noche, era la única manera de recuperar lo perdido, y francamente había perdido todo”.

                ¿Cómo fue que Eva tomó ese rumbo? Un filósofo dijo una vez: “Si el amor no existiera, quizás seríamos infinitamente más libres”. Eva se enamoró de quien no debía. De la nada apareció un hombre en su vida, para sacarla de su aparente monotonía, para ofrecerle una vida de aventuras. La homenajeó durante meses, la sedujo y finalmente logró que se separara de su marido.

                Para su entorno, era algo muy sencillo. “La Eva se había ido con otro tipo”, pasa en todos los barrios y en todo momento. Pero la realidad no tiene solamente la cara evidente, y suele guardar cosas, acaso desagradables.

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-¿Cómo empezó todo?

                “Este hombre, Hugo, tenía dos chicos y su esposa, no descubrí que ella era trabajadora de la calle hasta tiempo después. Al principio éramos amantes, pero al corto tiempo ya estábamos todos instalados en una casa. Hugo tenía vida sexual con las dos, yo creía que se trataba de gente que no tenía problemas con la sexualidad, pero en realidad su mujer no se podía quejar y luego descubrí por qué”.

-¿Cuánto pasó desde que lo encontraste hasta que comenzaste a convivir con ellos?

                “Unos meses largos, se fue dando de una manera natural si se quiere; debo decir que él era una persona que ni te podías imaginar de lo que era capaz. Siempre le compraba cosas a sus dos hijos, y a mí me homenajeaba permanentemente, aunque con su mujer la relación era cortés, pero hasta ahí no más”.

-¿Cuándo se complicó la cosa?

                Cuando empezó poco a poco a pedirme cosas raras. Primero me hacía problemas porque yo visitaba a mi hijo, o veía a alguna amiga. Creo que eso es un poco típico y pasa muy seguido. Después, cuando se enteró que mi marido me dejó la casa que estaba ubicada en un barrio lindo, no paró hasta que me la hizo vender. Recuerdo que me llevaba a un basurero con un frío enorme de invierno y me dejaba semidesnuda parada, mientras me mostraba un arma que yo no sabía si era real o de mentiras. Y me presionaba para vender, mejor dicho, regalar la casa. Lo único que quería era la plata, no le importaba cuánto. Fue espantoso, porque después de todas las negociaciones, en la inmobiliaria recibimos el dinero mientras él, por debajo de la mesa, me apuntaba disimuladamente con el arma”.

-¿Se llevó todo?

                “Él decía que de verdad me amaba y me dio un pequeño porcentaje para que pudiera comprarme un usado viejito o una moto nueva, para que no anduviera a pie”.

-¿Cómo rompiste esa relación tan compleja?

                Nunca pude, llegó un día que me llevó a un bar y me mostró una caja con cientos de fotos de mi hijo, yendo a la escuela, saliendo del club, con los amiguitos y la casa donde vivía. El tipo tenía todos los horarios y las trayectorias de mi exesposo, mi hijo y otros familiares. Debe ser que la mujer ganaba bien en la ruta, porque alquilaban, tenían un buen auto y una moto de alta cilindrada. A lo que me refiero es que podía estar todo el tiempo haciendo esa inteligencia; él no trabajaba nunca y siempre tenía tiempo para amigos y el fútbol de los domingos. Lo cierto es que con todo eso, él me decía que no le temblaría la pera para lastimar a alguien de mi familia si no accedía a sus pedidos”.

-¿Hubo alguna denuncia policial o intentaste hablar con los medios, o algo?

                “En realidad hice algunas denuncias, pero no obtuve respuesta; en una seccional, que no viene al caso decir cuál, me dijeron: Le voy a ser sincero señora, pero hasta que no esté a punto de morir nadie va a hacer nada.

                “Y en cuanto a los medios o las radios, no. En verdad tenía miedo, porque cada mes que pasaba, él se ponía más violento, más exigente y más celoso”.

-¿Cómo era la vida de esos niños en ese hogar?

                “Casi se criaban solos, el más chico trataba terriblemente mal a la madre, un poco como imitando al padre, el otro era más dócil, pero comían porquerías todo el tiempo y si bien iban a la escuela, casi siempre estaban en la calle”.

-¿Cuándo empezaste a trabajar en prostitución?

                “Un día me sacó a pasear y cuando íbamos en la ruta, me propuso trabajar como su mujer, es más, me propuso hacerlo al lado de ella. No me imaginaba haciéndolo y sencillamente dije que no, pero detuvo el auto y me dijo que si no lo hacía me iba a matar. Para probarlo arrancó, y cuando empezó a levantar velocidad, no entiendo en qué momento, manoteó mi puerta y me empujó hacia afuera, fue como una lucha; pero estaba como endemoniado y tenía una fuerza que yo no podía igualar. Caí al asfalto y sangré mucho. Él mismo me llevó a un hospital, y durante todo el trayecto no paraba de mimarme y decirme cosas lindas y que estaba arrepentido.

                También me decía que yo era su princesa y que todo iba a estar bien. Luego de la recuperación, de unas semanas, pude volver con mucho cuidado a la vida normal. Entonces decidí escapar y ocultarme. No sé cómo hice porque ni pensé en mi familia en ese momento. Pero estaba en juego mi vida y ya no aguantaba más. Ahora a la distancia creo que hice la del perro que se fue a un lugar aislado a lamerse las heridas. No sé cómo, pero al tiempo, dos personas enviadas por él me encontraron, no eran matones, sino amigos con los que andaba de vez en cuando. Me amenazaron para que vuelva y tuve que hacerlo. Allí su primera medida fue quemar todo lo mío. Desde la poca ropa que tenía hasta mis papeles, toda clase de papeles, documento de identidad, algunas tarjetas que ya ni usaba, cartas y otras cosas. Estaba completamente doblegada y tuve que salir a la calle muerta de miedo y sola”.

-Estaba claro que te vigilaba…

                “Sí, pero solo los primeros meses, pensé que cualquier movimiento en falso podía tener consecuencias en mis seres queridos y entonces me entregué a lo que sería mi nuevo oficio”.

-Y comenzaste…

                “Sí, al principio temblaba de miedo ante cada cliente, no era una experta, pero me mantenía pensando en que podían suceder tres cosas: lograr escapar, esta vez bien, sin que me atrapen, o reunir una cantidad de dinero como para hacer algo, no sé… y finalmente encontrar alguien entre los clientes que quisiera sacarme de esta vida.

                “En realidad, con el tiempo aprendí el oficio y comprendí que según mi visión es más fácil que un novio o esposo, o familiar te reviente a piñas, y no un tipo que requiere tus servicios, no tuve mayores problemas con eso, salvo algún desubicado, un borracho, personas muy obesas o que huelen muy mal”.

-Pensabas mucho…

                “Un tipo de un hotel de mala muerte me hizo un trato, que yo dejara parte de la plata ahí, para retirarla cuando quisiera. Por suerte Hugo había decidido que repartiéramos en partes iguales las ganancias, porque según él, yo era su amor puro. Entonces el hotelero me guardaba la plata, y si podía hacer un cliente más y no rendírselo, lo hacía, ya que había una etapa en que Hugo no me controlaba. Este señor del hotel me enseñaba algunas cosas y me aconsejaba. Me dijo de la diferencia entre la trata y la prostitución. Uno es esclavitud y lo otro es una libre elección, en que podés ganar muy bien, pero es a costa de tu físico, como si fuera un trabajo normal. Si un tipo arregla autos atado con una cadena en los tobillos, no es un mecánico, sino un esclavo”.

-Entonces la prostitución ¿qué es?

                “Un trabajo, que puede ser tan digno como cualquiera, solo que aún está mal visto; vos podés decir que trabajás 12 horas como animal en una lomitería por dos mangos, y está todo bien; mientras que si tenés relaciones con dos o tres personas por noche, y triplicás ese sueldo para pagar tus estudios o los de tus hijos, entonces solo sos una puta”.

-¿Hubo otros hechos de violencia?

                “Sí claro, una vez simplemente estaba destruida, muy agotada, y trajo una pareja para hacer algo todos juntos, ellos venían de una previa y estaban pasados de merca. Yo simplemente me negué y aparentemente no había problemas, pero a las horas, cuando se fueron todos y la mujer y los chicos dormían profundamente, me agarró con un palo de escoba en la espalda. Fue un dolor insoportable. Hoy no tengo bien un ojo, no se nota, pero no veo bien, y no puedo escuchar de un oído, lo cierto es que eso tiene que ver con la caída desde el auto que te conté.

                “En la casa, el tipo hacia que todos bailáramos a su ritmo, se veían dibujos animados, porque él no veía otra cosa y una enfermedad por su equipo favorito de fútbol; entonces se pasaba horas viendo programas deportivos.

                “Cuando estaba con las buenas era muy divertido, jugaba con los chicos como uno más, y hacía bromas, pero cuando estaba con la mala, todo era un horror. Él siempre tenía problemas con los vecinos, con allegados, decía que el mundo estaba en su contra pero que iba a poder sobreponerse porque era el más fuerte de todos. Luego, observando bien, me di cuenta que era muy fácil ser el más fuerte con mujeres y niños. Hasta creo que tenía terror cuando otro hombre lo increpaba, eran solo gritos y amenazas, o sacar un cuchillo o un arma, pero no recuerdo haberlo visto enfrentar a alguien de su tamaño y sexo. Cierta vez, en una riña callejera mandó a su mujer con una cuchilla de cocina a matar a un gordo que venía dispuesto a todo, por una deuda. Él atrás de la mujer diciendo ¡¡matalo, matalo!! La mujer casi lo hace, pero finalmente salieron otros vecinos y ya se armó un gentío y ante la duda de la llegada de la policía, se disolvió todo. Hugo agarró el auto y desapareció”.

-¿Cómo sigue la historia?

                “Ellos querían hacerse una casa en otro lado con el dinero de la propiedad que vendí, entonces yo simplemente dije basta. No podía imaginar una vida así, entre tanto yo extrañaba a mi hijo con locura, y cada vez que podía lo iba a visitar, pero para el entorno yo era una mala influencia, y los entiendo. Pero yo estaba amenazada, ¿qué podía hacer?. Tiempo después una psicóloga que me trató me dijo que yo me había inmolado por mi familia, no sé, que se yo…”

-Después del “basta” ¿qué pasó?

                “Comencé a enfrentarlo, a hacerlo enojar, hice algunas denuncias después de otros golpes, apareció la policía y cuando se iban, porque no llegaban a detenerlo, me decía que era amigo de todos los canas de la zona, pero yo en sus ojos supe que estaba lleno de miedos. Esa fue un poco la clave. Un día, que estábamos solos porque la mujer y los chicos habían salido de la ciudad, le hice frente cuando intentó pegarme porque yo quería dejar la calle, nos agarramos a las piñas y terminamos destrozados. Así me fui a la policía y cuando llegaron al lugar, Hugo estaba muerto, se había pegado un tiro”.

-¿Hugo no intentó impedir que vayas a la policía?

                “Luego de los ataques físicos, le agarraba como una culpa y se echaba a llorar, y entonces pedía disculpas y decía que era una mala persona y eso. Yo en realidad podía moverme libremente, no estaba bajo llave, pero siempre estuve muy vigilada”.

-¿Y entonces?

                “Dejé la calle, pasaron los meses, conocí una persona que me dio un trabajo que me gustaba, aunque no era mi pareja, era como un nuevo padre, los míos habían muerto hacía tiempo. Fui al hotel, retiré mi plata y tenía algo guardado muy canuto de lo que me había dado Hugo, y con eso empecé mi nueva vida”.

-¿Y hoy?

                “Mi hijo se recibió hace rato de Ingeniero, ya tengo mi negocio propio, que ha caído pero es por esta economía complicada; pero es mío, tengo algunos problemas de salud por lo que estoy medicada, creo que para siempre, y a veces veo a mi exesposo y comemos juntos, la pasamos bien y ¿sabes qué?, creo que soy feliz”.

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