Sociedad

Sol y Río: Un paraíso abandonado

El balneario de Sol y Río es un sector con algunas piedras pero con poca profundidad y bastante arena. Cuenta con asadores y mesas y una buena sombra bajo los árboles. Es uno de los últimos balnearios -marchando hacia el sur- dentro de la ciudad.

                Pero no todo lo que brilla es oro y desde hace algunos años, se ha ido deteriorando, siendo que está en manos del Municipio su mantenimiento.

                Por este motivo, dialogamos con Roberto Falcón, quien nos contó la historia del barrio: “Antes de que se conformara el centro vecinal, en los inicios de 1990, había un concesionario que se encargó de plantar árboles y efectuar unas construcciones de muy buen gusto para la época. Esa gente invirtió mucho en el sector, edificó baños de primera calidad, hasta una pileta de natación hicieron, era hermosa. Los encargados de ese concesionario era la familia Montoya, el hombre falleció y al quedar la señora con los chicos solos, dejaron de mantenerlo. Después hubo una gran crecida del río que destruyó una parte importante del balneario. Lógicamente esta familia no lo pudo subsanar y la Municipalidad tomó cartas en el asunto. Realmente nadie sabe qué fue lo que pasó, pero decidieron demoler todo lo que había, y ver cómo destruían esas edificaciones fue muy triste, sobre todo por la inversión que esta gente había hecho. Demolieron todo, pero no retiraron nada, dejaron todos esos escombros a la vera del río, solo se llevaron los techos en madera”.

                Al quedar en estado de abandono, la gente pensaba que era un basural, y comenzaron a tirar sus residuos. “Esto era una cañaveral de tres o cuatro metros, que por la fertilidad de las arenas crecían estrepitosamente. A raíz de esta situación, los vecinos se acercaron al centro vecinal para ver qué se podía hacer. Al otro día fuimos a la Municipalidad para hacer el reclamo al intendente de ese momento que era Conde, y nos atendió el ingeniero Fargas, presidente del Concejo Deliberante; buscaron por todos lados y se dieron cuenta que Sol y Río no existía en el cronograma de barrido y limpieza. Ahí fue cuando solicitamos que nos dejaran hacernos cargo del balneario y aceptaron, labraron un acta donde autorizaban la tenencia al centro vecinal. Inmediatamente empezamos a desmalezar, sacar escombros, mugre, a pico, pala y carretilla; muchos de nosotros pusimos ‘el lomo’ y hasta plata, porque no teníamos fondos para comprar motoguadañas o contratar gente que lo hiciera. Había mujeres que para ingresar algo de dinero al centro vecinal, le cobraban a aquellos que se ubicaban en la zona donde estaba desmalezado”.

Slider image
Slider image
Slider image
Slider image
Slider image
Slider image
Slider image
Slider image
Slider image
Slider image

                Roberto se angustia y recuerda una anéctoda: “En una oportunidad, un señor había venido con su familia a pasar el día y se enojó porque le querían cobrar. Entonces la mujer que era de la comisión me llamó y me presentó ante este hombre. Le contó que yo era el presidente del centro vecinal y que estaba trabajando en pos de mejorar el lugar. El turista no podía entender que un presidente de centro vecinal estuviera a pico y pala trabajando, ahí le conté nuestra historia y recuerdo patente, nos dio 30 pesos, que en aquel tiempo eran 30 dólares. Y así lo fuimos acondicionando, incluso la arquitecta Bina cuando lo vio quedó asombrada de cómo lo habíamos dejado en tan poco tiempo”.

                El único apoyo que recibieron en aquel entonces, fue con los baños. “Una siesta nos fuimos con Adolfo Escobar en su rastrojero hasta Córdoba, porque Liliana Bina nos había conseguido los sanitarios para los baños, los instalamos y esos fueron los que paliaron la situación en esa época. Después fuimos haciendo las mesas y los asadores. Muchos trabajamos con entusiasmo, desinteresadamente, con el afán de dejar un balneario en condiciones. Por supuesto que también hubo gente que trabajó con intereses propios; pero por suerte fueron los menos”.

                Pasó el tiempo, fueron cambiando las comisiones y desde hace diez años, aproximadamente, sumaron al ingeniero Ochacovsky a la entidad vecinal. “Él provenía del campo, así que sabía trabajar muy bien. Quiero remarcar que todo lo que hicimos en esa época fue con el dinero que recaudábamos cobrando estacionamiento, los baños y por el uso de los asadores. No teníamos subsidio de ninguna índole”.

                Los ingresos por el cobro de estacionamiento y alquiler de asadores y sillas, entre otros servicios, representan cifras millonarias al fin de cada temporada, y una parte de esos fondos pasan directamente a los centros vecinales. “De lo recaudado, el 30 por ciento era para la Municipalidad, otro 30 para el centro vecinal y un 40 por ciento para los permisionarios. Cuando concluimos con la recuperación del balneario, con ese 30% que nos quedaba, empezamos a construir el dispensario y el destacamento policial, la sede del centro vecinal, y terminamos el polideportivo”.

                Lo que demuestra que con recursos genuinos se hicieron muchas cosas por y para el barrio, cuestiones que hoy usufructúa el municipio; pero el barrio no. “Cuando nosotros entramos, nuestro objetivo era hacer una garita para esperar el colectivo; y no solamente hicimos una, sino que construimos tres y hablamos con la empresa Cotap para que se detuviera en las tres. Gabriel Ruiz es quien hizo el centro de jubilados en San Antonio y formaba parte de nuestra comisión, como era pariente de los dueños de Cotap, logramos que la empresa se detuviera en las tres garitas. Por otro lado, logramos que la empresa de transporte local extendiera su recorrido e hiciera como terminal el fondo del barrio, porque solo llegaba hasta Villa Independencia”.

                Con el tiempo fueron avanzando y no solo con el balneario, porque se les ocurrió construir un polideportivo. “Esta idea surgió con el propósito de alquilar el salón y así obtener más ingresos,  ese dinero iba a servir para luminarias, cordones cuneta y más mejoras para el balneario. Pero cuando asume Esteban Avilés, toman otras disposiciones y nos quitan todo. Al polideportivo lo tomaron como propio, igual que el dispensario, y al balneario lo volvieron a abandonar”.

                A las pruebas nos remitimos, porque el estado del sector es bastante desolador. “Es muy triste verlo así, mesas y asadores rotos, pérdidas de agua tratada por todos lados, basura, yuyos altos. Tal vez con esto alguien se sienta ofendido; pero a veces hay que dejar de lado las cuestiones personales y empezar a hacer las cosas para los demás. Todo lo que hice fue por voluntad propia, nadie me obligó a nada; pero ya que tuvimos la suerte de contar con gente dispuesta, pienso que tendrían que ser reconocidos”.

                Claramente el municipio sabía que esta parte de la ciudad generaba muchos recursos, y sin titubeos se lo quitan al centro vecinal, “es que al sacarnos el manejo del balnearios, el centro vecinal quedó dificultado porque no tiene ingresos. Más allá de eso, el 6 de noviembre se cumplen 26 años de la inauguración del destacamento policial y el dispensario, queríamos hacer algún festejo, pero no podemos utilizar el polideportivo porque está ocupado con otro evento. A lo que voy, nosotros construimos el polideportivo para el barrio y la Municipalidad lo utiliza como si fuera propio. Brindan diferentes actividades deportivas gratuitas para los chicos, algo que está muy bien, porque vienen de todos lados; pero si el barrio quisiera utilizar las instalaciones, tiene que sacar turno con mucho tiempo de anticipación”.

                Volviendo al balneario, Roberto contó que “hoy es una vergüenza que le cobren estacionamiento a la gente, o por el uso de las mesas y asadores, porque todo está sucio, roto. Teníamos el propósito de hacer una especie de contención para desviar el agua, porque cuando hay creciente se tapa todo. Entonces le dije a la arquitecta Bina de construir un puentecito hasta el islote, que es donde están los morteritos de los indios. De esta manera, podíamos poner un cartel en la ruta que invitara a los turistas a visitar la reserva de los indios, para atraer a la gente. Pero todo quedó en meras ideas”.

                ¿Qué solución sería  mejor para que el balneario vuelva a estar en condiciones? “Antes los visitantes nos felicitaban permanentemente; hoy nos insultan al igual que a las personas que tienen la tarea de cobrar por el uso de las instalaciones y el lugar, porque dicen que pagan por algo que no tienen o no reciben. Lo mejor para todos, dado que la gestión de gobierno está ocupada en cuestiones más importantes, es que el centro vecinal recupere el balneario, y el municipio controle y colabore con las ideas y dedicación que los vecinos siempre aportamos”.

Mostrar más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba
Cerrar