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La República Extraviada: Barajar y dar de nuevo

Pasado el tiempo electoral, nuevos vientos de esperanza nacen en los corazones de los ciudadanos, que buscan incansablemente una luz que clarifique la gravísima crisis que atraviesa nuestro país en todos los ámbitos: desde lo institucional, hasta lo social.
Pareciera como si el cambio de gobierno desplegara un velo de ilusión que lleva a la población a mirar con ojos renovados un futuro promisorio. No está mal que eso ocurra. Somos humanos y siempre nos envuelve un halo de esperanza. Mientras la fe puesta en la idea de que los asuntos públicos mejoren esté latente, la marcha continúa y la vida sigue su rumbo.

                Pero las cosas están. La realidad tampoco se puede tapar bajo un velo de ignorancia. Reconocidos politólogos, clásicos y contemporáneos, acuñaron esos términos en sus análisis sociológicos para referirse a cómo los ciudadanos suelen toman decisiones y distribuyen sus derechos, posiciones de clase y recursos en la sociedad en la que vivirán cuando este velo de ignorancia -precisamente- les impide saber quién recibirá una distribución determinada de esos derechos, posiciones y recursos.

                Es como una manera de reposicionarse, o de barajar y dar de nuevo en los juegos de cartas.

                Para ser más explícito, la actualidad socio-económica argentina introduce una serie de incógnitas: dónde fueron a parar los dólares de la deuda adquirida por la gestión vigente, cuáles son los destinos de la fuga de capitales, dónde quedaron los mecanismos de contención de la inflación y del riesgo país, qué se hizo (o no) con la retención de las partidas que eran destinadas a la ciencia y la educación, y por qué se redujeron los aportes al sistema de salud y jubilatorio de la población. Estas son sólo algunas cuestiones difíciles de dilucidar cuando se despliega el velo de la ignorancia hacia una ciudadanía pasiva y carente de participación política.  

                La historia que se comienza a escribir ahora, desde el 9 de diciembre próximo, nos brinda una oportunidad para correr ese velo y despertar, controlando que no se cometan los errores del pasado. Errores cuyas consecuencias fatídicas son complejas de subsanar.

                Dicen que la historia se repite. Lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan. Y los argentinos parecemos abocados a repetir constantemente los mismos errores sin ser capaces de aprender de ellos.

                Ya lo dice el viejo y conocido refrán: el pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla.

Por Javier Medina Gandía Periodista, Abogado y Mediador

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