Sociedad

Editorial 037: “El problema de querer ser otra persona”

¿Será el humano la única especie animal que intenta ser otro?, porque hay muestras en la naturaleza de toda clases de bichos que cambian de color, que mutan, cambiando de sexo por ejemplo, pero sospechamos que todos estos cambios tienen que ver con un instinto de supervivencia y conservación. Pero en el humano es distinto, nadie va a morir por ser uno mismo con sus particularidades, podrá ser defenestrado, segregado o apartado, pero, aunque la historia nos desmienta, difícilmente asesinado en una sociedad medianamente civilizada.

                Punto uno: En comunidades como las nuestras, querer ser otro es absolutamente normal, aunque no sea un comportamiento muy sano. Tengamos en cuenta que hemos sido criados con la noción de competir permanentemente y de alcanzar metas que, en un 90% son materiales, o tendientes a satisfacer el ego y la posición ante la sociedad.

                Punto dos: Mientras estás intentando ser otro, o de hecho estás siendo otro, te pierdes lo mejor de lo mejor. Ser tú mismo. El sentido de autenticidad es absolutamente liberador.

                Al respecto, el psicólogo Carl Rogers, allá por los cincuenta, elaboró una paradoja bastante interesante, que intentaremos sintetizar aquí.

                Rogers estaba convencido de que en sus relaciones con la gente no era útil tratar de aparentar, ni actuar exteriormente de cierta manera cuando en lo profundo de sí mismo sentía algo muy diferente.

                Rogers, por tanto, se llevaba mejor con la idea de aceptación que con la de “algo está roto y hay que arreglarlo”.  Pretendía alejarse del modelo médico en el que “esto te pasa porque algo no funciona bien en ti y tenemos que modificarlo o eliminarlo” y acercarse al “te reconozco, te escucho, te comprendo y te acepto”.

                Y es justo entonces, cuando de repente, el cambio se produce. Comienza a sentirse más calmado, más tranquilo, sus relaciones personales son más auténticas, se siente libre, con más confianza. En fin, ha aprendido a cuidarse. Y es que una gran parte de los problemas tienen que ver con etiquetar parte de nuestras emociones como negativas. Lo que ahora está tan de moda como emociones negativas o positivas. Así, aceptarse es cambiar. La no aceptación pasa a ser aceptación. Ahí está el cambio. La paradoja de Rogers.

                Dejemos descansar a Rogers un rato y veamos qué sucede cuando intentamos ser otra persona. La periodista y escritora Andrea Amoretti, desde España dice: “Es maravilloso si otra persona te inspira, pero si te comparas y te vistes o ‘disfrazas’ de otros, has dejado atrás lo más importante, que es a ti mismo. Eso es fatal porque cada uno tiene que defender su identidad y nadie más que tú puede hacerlo porque no existe nadie en el mundo igual que tú. Aunque la frontera entre inspirarse y copiarse es muy sutil, es muy importante atreverse a ser originales, a ser diferentes, a hacer las cosas aunque sea a contracorriente. Lo esencial es no compararse. Estamos constantemente midiéndonos con los demás y basando nuestra imagen, físico, vida, hobbies, según los impactos que recibimos de la gente que nos rodea. En el momento en que empiezas a compararte, dejas de valorarte”.

                Para finalizar, solo diremos que la respuesta a toda esta cuestión es simple: “se vos” y bien vale aquí una frase que ronda mucho las redes y que viene como anillo al dedo: “No cambies para que la gente te ame, se tú mismo y la gente correcta te amará”.

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