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El paso de los Jesuitas por Córdoba

La provincia de Córdoba es un destino ideal para quienes desean experimentar las más variadas sensaciones en busca del placer que un viajero desee vivir.  Córdoba es una extraña mezcla de culturas donde convive lo que se muestra. Lo que se oculta y lo que se olvida, desde su histórico amanecer un 6 de julio de 1573 luce las huellas de muchos caminantes, aborígenes nativos, españoles expedicionarios gauchos criollos y guapos malevos, forjaron la identidad de este pueblo. Franciscanos, dominicos, salesianos y Jesuitas tuvieron su lugar en la ciudad y dejaron su impronta en esta  bella tierra cordobesa que es: cultural e histórica, tradicional y moderna, clerical y atea, populistas, clasistas, conservadora y reformistas.

Siendo una de las últimas en fundarse, Córdoba abrió las puertas de la primera universidad de Latinoamérica de la mano de la orden religiosa de los Jesuitas, iniciándose así la época de Córdoba: la Docta.

Este recorrido místico arranca allá  el año 1600 y nos permitirá viajar en el tiempo para descubrir no solo la manzana Jesuítica sino también las estancias más antiguas de la región.

En 1599 cuando la Compañía de Jesús se instaló en Córdoba para desarrollar su actividad espiritual y educativa, también crea su propio autoabastecimiento a través de seis estancias ubicadas en las sierras, las cuales fueron bautizadas con los nombres de: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643), La Candelaria (1678) y San Ignacio (1725). (De esta última ubicada en la zona de Calamuchita solo quedan sus cimientos, totalmente derruida).

En el año 1610 se construyó el primer edificio Jesuita, denominado Colegio Máximo que con los años se convertiría en la Real y pontificia Universidad, el actual Colegio Nacional de Montserrat, la Iglesia de la Compañía de Jesús y un grupo de edificios de la residencia por donde Jorge Bergoglio hoy el Papa Francisco pasó en algún momento de su carrera eclesiástica, y se completa con el conjunto de las estancias.

Los jesuitas no solo desarrollaron una labor evangelizadora en América Latina. También ejercieron el rol de educadores, lingüistas, científicos, mediadores culturales y artistas, entre otros, y desarrollaron una completa infraestructura administrativa, económica y cultural a lo largo del territorio.

Dentro de las estancias además se concentraban diversas actividades relacionadas a la producción. En este sentido, los sacerdotes jesuitas se desenvolvían como instructores frente a los nativos, enseñándoles a trabajar en diversas artes manuales, la cría de ganado y elaboración de vinos, esto hizo al gran éxito económico además del religioso. En 1767 por Real cédula de Carlos III, los Jesuitas fueron expulsados de territorio americano, y las estancias quedaron en manos de las juntas de temporalidades, sufriendo un largo periodo de decadencia y deterioro por la mala administración. Durante la primera mitad del siglo XX el estado nacional se hizo cargo de los antiguos establecimientos declarándolos patrimonios nacionales con lo que por fortuna se inició su periodo de reconstrucción y renovación.

La Compañía de Jesús ocupa un lugar de privilegio en la provincia, y no es casual que se haya preservado durante años un legado que finalmente en el año 2001, fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Los principales criterios en los que se basó el comité de la UNESCO para la Declaración, residieron en el hecho de que el complejo de los Jesuitas, los edificios y las estancias que lo componen, son sin lugar a dudas ejemplos irrefutables y excepcionales de la fusión de los valores y las culturas que se encontraron  entre Indígenas y europeos.

Por otra parte, también este conjunto de edificios y estancias son el fiel reflejo de más de 150 años de una misión que generó cambios significativos en el ámbito religioso, social, y económico, en estas tierras.

Iglesia de la compañía de Jesús. Córdoba capital

La estancia de Caroya fue el primer establecimiento Rural de la Compañía de Jesús del año 1616 que durante el año 1661 fue adquirida por Duarte Quirós quien dono la propiedad para solventar el convictorio de Monserrat, y también funciono como residencia de vacaciones de los estudiantes, (entre los cuales se encontraba Nicolás Avellaneda), alguien muy importante, que sería el mentor de la creación de la Colonia. Los inmigrantes friulanos arribaron a estas tierras en unos vagones de carga del ferrocarril la tarde del 15 de marzo de 1878 (fecha fundacional de la Colonia).

La casona de la estancia de Caroya, albergó al grupo de colonos hasta que pudieron construir sus primeras viviendas. Los primeros años fueron muy duros por las condiciones del lugar ya que era una zona seca y cubierta de monte, pero la tenacidad de estos inmigrantes en pocos años, logró transformar la tierra, construyendo un sistema de canales de riego que cambió para siempre la fisonomía del lugar y donde antes había montes surgieron tierras cubiertas de sembradíos y frutales.

Caminar por sus galerías es como volver en el tiempo… aquel donde la lucha por los ideales, la convicción de hombres fuertes, la cultura del trabajo y la familia era lo más importante.

Actualmente la estancia es Monumento Histórico Nacional y Provincial.

Comprende la residencia organizada alrededor de un amplio claustro central, la capilla, el perchel, el tajamar, [os restos del molino y de las acequias y las áreas dedicadas a quinta.

La estancia se ubica en el sector oeste de la planta urbana de la ciudad de Colonia Caroya, a 44 Km. al norte de la ciudad de Córdoba por RN9.

Es posible conocerla a través de servicio de guías y/o un recorrido autoguiado. Teléfono de contacto: 0325-428581.

La Estancia Jesús María de 1618

Fue el segundo núcleo productivo del sistema creado por la Compañía de Jesús. La estancia incluye la iglesia, la residencia y la bodega, restos de antiguos molinos, perchel y tajamar. Desaparecieron la ranchería y los campos de cultivo y pastoreo. Construida alrededor de un patio central, cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, sobresale la edificación de arcos de medio punto. La antigua estancia jesuítica aun hoy posee la iglesia, residencia y bodega, así como los restos de antiguos molinos, perchel y tajamar- es posible conocerla a través de un recorrido autoguiado. En él, se incluyen testimonios que recrean los espacios productivos de la época y se visitan, por ejemplo, los lugares en los que se molían las uvas para la fabricación del vino. Aquí se elaboró el primer vino de la región, (La Lagrimilla). Luego de la expulsión de la Orden, España prohibió la elaboración con vid y olivo en el virreinato para proteger a sus productores. La tradición renace con los inmigrantes italianos en las primeras décadas de 1900 también en la zona de Colonia Caroya y Jesús María. Estancia de Jesús María, hoy Museo Jesuítico Nacional es uno de los sitios imperdibles para conocer en el   norte cordobés. Teléfono de contacto: 03547-420126

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La Estancia Santa Catalina

Fundada en 1522, es la más grande de todas. El centro de producción agropecuaria (con miles de cabezas de ganado vacuno ovino y mular) en ella se encontraban: el Batan, los molinos, el gran tajamar. Debido a la gran insuficiencia de agua, los Jesuitas desarrollaron una gran obra de ingeniería, un conjunto de conductos subterráneos que traía agua desde Ongamira, a varios kilómetros de distancia. Comprende la iglesia, con su imponente fachada barroca, es el ejemplo del barroco colonial en Argentina, una de las más delicadas obras arquitectónicas, la residencia con sus tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería, esto eran (las habitaciones para esclavos), el tajamar, los restos de acequias y molinos. Esta estancia se halla en un paraje rural a unos 20 kilómetros al noroeste de la ciudad de Jesús Maña, a 70 kilómetros de la ciudad de Córdoba por RN9 hasta Jesús Maña y luego por camino provincial secundario.

La Estancia Alta Gracia de 1643

Los jesuitas desarrollaron construcciones que sirvieron a los fines productivos buscados. Así lo demuestra la creación de un obraje destinado a la producción textil, aunque la agricultura y la ganadería, en especial el comercio de mulas, fueron las bases de su economía. La estancia cubría una gran superficie y tenía ocho puestos en las sierras: San Ignacio, Santiago, San Antonio, Potrero, Achala, San Miguel, Potrerillo y el Puestito de Guzmán.

La estancia estaba compuesta por la residencia de los jesuitas, actual museo; la iglesia; el obraje, donde se realizaban las actividades industriales; la ranchería, vivienda de los negros esclavos; el tajamar, un dique de 80 metros de largo, que permitía el funcionamiento de dos molinos harineros; un batán (máquina impulsada por agua que servía para golpear, desengrasar los cueros y dar consistencia a los paños) y el riego de huertas y quintas; y hornos para quemar cal y cocinar tejas y ladrillos.

La administración, evangelización, y enseñanza de 300 personas estaba a cargo de tres Padres. Las tareas que se desarrollaban eran: la herrería, las huertas, el obraje, los molinos, y los puestos en las sierras. La estancia incluye la iglesia, con su destacada fachada barroca, la residencia con sus patios y locales anexos, el obraje, el tajamar, las ruinas del molino y el antiguo en el primer paredón del sistema de acequias. El templo es hoy la iglesia parroquial de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”. Se ubica en el corazón de la ciudad de Alta Gracia, frente a la plaza central, a 36 km. al sudeste de la ciudad de córdoba por ruta provincial N° 5. Teléfono: 03547-421303

Estancia La Candelaria

Se encuentra enclavada en plena sierra, escondida en un valle del norte de las sierras grandes a 1200 metros de altura.

Es a partir de allí que la orden adquiere 300.000 hectáreas colindantes que se extiende desde la cumbre de achala hasta los Bañados de Soto constituyéndose en el mejor ejemplo de ganadería extensiva, fundamentalmente mular destinadas específicamente al tráfico de bienes desde y hacia el Alto Perú. Se trata de un tipo de construcción intermedio entre fortín y residencia santuario. La estancia es llamada La Candelaria en homenaje a la Virgen de las Candelas, cuya fiesta se conmemora el dos de febrero de cada año. En el establecimiento los Padres jesuitas aplicaron su experiencia organizativa: desarrollaron y equiparon un gran centro ganadero, especializado en la cría e invernada de mulares. Mayordomos y encargados atendieron sus numerosos puestos y rodeos donde también se multiplican el ganado vacuno, caballar, ovino y caprino. Desde Cruz del Eje se puede llegar a esta estancia jesuítica tomando la RN38 hasta Villa de Soto, luego por la Ruta Provincial 15 hasta la localidad de La Higuera y desde allí por el camino de tierra. Desde La Candelaria se puede tomar un camino hacia el este a Characato y La Falda, en el Valle de Punilla, u otro que tenga rumbo sur y que, atravesando la Pampa de San Luis llega hasta la Ruta Prov. 28 que une Tanti con Taninga.

Para visitar, contactar al Teléfono: 0351-4333425

En tiempos de Navidad invitamos a quienes quieran hacer un recorrido por la historia mística de nuestra provincia, y conocer esas joyas arquitectónicas de Córdoba. Agencias de viajes y guías de turismo habilitados los esperan en su próximo recorrido.

Elizabeth Bocca
Técnica y Guía Superior de Turismo

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