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Editorial 042: “Los puentes”

Hacer un puente está bien, si comunica, si une, si sirve para acortar camino, para ahorrar tiempo, para encontrarnos más; hacer puentes es maravilloso, porque también significa el triunfo del espíritu sobre un obstáculo, es como hacer un túnel. Una comunidad puede hacer un túnel para atravesar una mole de piedra o tierra, y hacer la vida de todos más fácil.

Pero hacer un muro es otra cosa. Un muro generalmente marca un límite, “hasta acá llega”. Un muro siempre divide, al decir del arquitecto Jorge Jáuregui, nacido en la Argentina, radicado en Brasil y autodefinido urbanista latinoamericano. “Cuando se levanta un muro, real o imaginario (porque muchas veces comienzan por lo imaginario y luego se van materializando), nunca se hace a favor de nada, es una capitulación por anticipado…”

En nuestra ciudad, hay muchos muros, uno chiquito, pero molesto y feo como el que levantaron atrás del Cu-cú, que no fue para embellecer, sino para dejar de ver un edificio que se iba con las fotos de miles de visitantes y no es tan ‘cheto’ como otros que hasta nombre y apellido tienen.

Y hay otros muros, cientos de ellos en las mentes de las personas, muros que nos hacemos a diario para tratar de proteger nuestra intimidad, nuestras ideas o nuestras vergüenzas. Muros cuidadosamente construidos para que nadie pueda tomarnos por asalto y desordenarnos nuestra estantería de creencias que llevamos desde pequeños. Muros pequeñitos que, con precisión de cirujanos, implantamos en nuestros niños, con pedacitos de nuestras ilusiones y sueños, amalgamados con nuestras teorías de cómo debe ser todo.

Muros grandes en nuestros hogares, para refugiarnos de una sociedad que tiende a llevarse todo puesto, por personas que caminan libremente mirando de reojo y relamiéndose por el futuro botín, restregándose las manos mientras los honestos o desprevenidos parecen reos esperando la condena, encerrados en esos muros de cemento, pero con una pantalla de TV que constantemente  les dice que su prisión sería más confortable si usara la alarma tal o cual.

Vivimos entre muros y nos olvidamos de construir puentes, que vayan de corazón a corazón. Nos olvidamos que el único secreto de la existencia del hombre es su yo en relación con los demás.

Eso trae a colación un viejo cuento de autor desconocido y que circula todavía en la red de redes, que dice:

Dos hermanos, cuyas tierras colindaban, un día tuvieron una grave discusión. Desde entonces llevaban meses sin hablarse. De repente dejaron de colaborar, después de una vida de intercambio y ayuda mutua. Una mañana alguien llamó a la puerta de Juan, el hermano mayor. Al abrir la puerta, encontró a un carpintero.

-Estoy buscando trabajo por unos días – dijo el extraño.

Juan respondió: – Sí, tengo un trabajo para usted. Mire aquella granja al otro lado del arroyo. Ahí vive mi hermano menor, que es mi vecino y hace meses que no nos hablamos. Quiero que construya una cerca de dos metros de alto con aquellas maderas que encontrará en la orilla del río. No quiero verle nunca más.

El carpintero le dijo: –Creo que comprendo la situación. Muéstreme dónde están la sierra, los clavos y la pala. Le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.

El hermano mayor dejó la granja por el resto del día para ir al pueblo. El carpintero trabajó todo el día midiendo, cortando y clavando. Al anochecer, cuando el granjero regresó, el carpintero había finalizado su trabajo.

El granjero quedó con la boca abierta. ¡No había ninguna cerca! El carpintero había construido un puente. Un puente que unía las dos granjas traspasando el arroyo. En ese momento su hermano menor vino desde su granja, cruzó el puente y abrazó a su hermano diciéndole:

–Eres una gran persona! Gracias por construir este hermoso puente después de lo que pasó. ¡Te añoraba muchísimo!

Los dos hermanos se reconciliaron e invitaron al carpintero a celebrar su reencuentro.

–Me gustaría quedarme –dijo el carpintero–, pero son muchos los puentes por construir.

Finalmente, hagamos un ejercicio de auto observación: ¿qué va a construir usted?, ¿muros o puentes?

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