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Ocho años sin Facundo| “No sé si lo voy a encontrar, pero tengo la esperanza”

Viviana Alegre, en diálogo con Prensared,  repasó sus vivencias como madre de un desaparecido en democracia.  Los años de lucha en la calle, en los pasillos de tribunales, y ahora con la perspectiva de llevar el caso a instancias internaciones. El TSJ convalidó el fallo de la Cámara pero el cuerpo no aparece. Exige que el estado lo busque y les pide a quienes tengan alguna información la acerquen para desentrañar el ocultamiento y hacer el duelo. Mañana se realizará  una marcha y festival.  

Pasaron ocho años desde aquella mañana del 19 de febrero de 2012 cuando Viviana María Alegre se despertó a las 5:45. Se levantó a sacar al patio a  Palermo -el perro de Facundo- pero llovía. Se volvió a acostar. A eso de las 10, “el sol rajaba la tierra” y empezó a preocuparse. Había acordado con su hijo que trabajarían juntos ese domingo en un evento gastronómico. Desde aquél momento, comenzó una búsqueda que, dice, solo cesará cuando lo encuentre.

La historia es conocida. Basta con escribir el nombre Facundo Rivera Alegre o El Rubio del Pasaje, en el buscador de Google, para que aparezcan miles y hasta millones de resultados sobre los reclamos de aparición con vida, movilizaciones en la calle, hipótesis, la elevación y el desarrollo del juicio, las actividades artísticas de sensibilización, entre otros temas. ¿Qué paso? Pasó que aquella noche de sábado, salió con amigos, rumbo al estadio del Centro, a escuchar a la banda de Damián Córdoba y nunca regresó.

Su madre, recuerda que en todos estos años golpeó numerosas puertas para saber qué pasó con su hijo. Habló con funcionarios públicos, viajó a otras provincias, se unió con familiares que pasaban por situaciones similares y  “tendimos puentes y redes, para acompañarnos, y fortalecernos entre todos”.  Como al comienzo, sostiene que “José Manuel de la Sota sigue siendo el responsable político de la desaparición de mi hijo, porque la muerte no dignifica” y que “por acción u omisión la policía algo tuvo que ver”.

Lamenta que el gobernador Juan Schiaretti y el anterior ministro de Justicia y Derechos Humanos, Luis Angulo (actual vocal del TSJ), no la hayan atendido. Pero reconoce que algunos ministros y funcionarios de segunda línea si lo hicieron. También la recibió, luego de varias marchas,  el fiscal de la causa, Alejandro Moyano, cuando concurrió acompañada por Sonia Torres, Abuela de Plaza de Mayo, junto a Horacio Pietragalla de HIJOS, Familiares de víctimas contra el gatillo fácil, y  otros referentes de organizaciones sociales para pedir que se aparte a la policía de la investigación. Cuestión que no prosperó.

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Un caso presente

La Cámara 11ª del Crimen de la ciudad de Córdoba, en agosto de 2015, condenó a Pablo Rearte  a 11 años de prisión como coautor responsable del delito de Homicidio doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por la intervención de un menor de 18 años, en concurso ideal.  La defensa, presentó un recurso de casación ante el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba (TSJ). Y en abril de 2019, el organismo máximo convalidó el análisis de la prueba que determinó que la víctima fue asesinada por el menor de los hermanos ( Kevin) mediante un disparo de arma de fuego, a corta distancia, mientras  Pablo  lo sostenía de atrás.  En tanto que el acusado de haber participado de una cremación ilegal fue absuelto.

Para Adriana Gentile, abogada de la Fundación para los Derechos Humanos María Elba Martínez, y representante legal de la familia: “Mientras la desaparición no se resuelva, sigue siendo un caso presente. Creemos que es el estado quien debe garantizar una investigación seria, imparcial y efectiva, independientemente de quien haya participado  en la violación del derecho, incluso los particulares”. En esa dirección destacó que están evaluando la posibilidad de realizar presentaciones ante organismos internaciones con el objeto de lograr que el estado asuma la responsabilidad y dirija las acciones que correspondan para dar con el cuerpo del joven asesinado.

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-Apenas se supo de la desaparición de El Rubio, las organizaciones del campo popular y de los derechos humanos reaccionaron en apoyo. No obstante, hubo otra mirada social y mediática prejuiciosa. ¿Cómo fue?

Al principio costó mucho. Los vecinos nuestros, la familia y los amigos nos apoyaron. Pero ha sido complicado lograr que se vayan sumando más personas. Nunca falta el que dice un chorro menos, o en algo andará. Salvando las distancias, incluso, si hubiera estado preso por haber cometido algún delito no tendrían por qué  hacerlo desaparecer. Algunos hacían esa diferencia. Y la prensa grande operó para que no se hable más del tema después del juicio. Y algún programa de TV como ADN directamente jugó para separar a la policía del caso. Ahora, la seguimos remando. Después del juicio, se formó un grupo de unas diez personas que me siguen acompañando en la continuidad de la lucha. Pero, cada cual tiene sus obligaciones de estudio o de militancia.

-¿Cómo  llevás  tu día a día y a la vez la relación con tu nieta Rocío a quien le falta su padre desde los seis meses de vida?

Hoy martes,  Rocio viene a dormir a mi casa -dice y de golpe su rostro se llena de luz-, y vamos a compartir juntas estos días. Su mamá intenta rehacer su vida y la ayudo con la nena porque tiene otros niños. Yo estoy yendo a  una terapia y el año pasado me anoté en la escuela de música para seguir aprendiendo porque soy profesora de música. Pero no es fácil. Hay que ir buscando un equilibrio. El cuerpo te pasa facturas. Superé una parálisis facial y un cáncer de mama, como les pasa a un montón de familias que transitan esta experiencia.

-¿El eje de tu vida, entonces, es seguir buscando a  Facundo?

Si, lo sigue siendo. Aunque mis otros hijos me reclaman que no les pregunto por sus cosas. El mayor – Federico- me dijo: ¿Cuándo vas a preguntarnos por lo que nos pasa a nosotros? Y tiene razón. Hace poco nació su hija, otra nieta, y me puso muy contenta. Pasa que no me podía/puedo sacar el tema de la cabeza. Ahora respondo solo si me preguntan ellos. No sé  si lo voy a encontrar, pero tengo la esperanza. No sé si será así. Una tiene bajones y trata de levantarse. Me caí un montón de veces. Pero quiero revincularme con mis otros hijos Fede y Santiago. Porque además perdí a Camila en un accidente automovilístico.  Esa es la situación.

 -¿Qué extrañás de él?

Lo extraño mucho. Era un compañerazo. Me acompañaba en todo porque el más chico –Santiago- se fue a vivir  con su padrino y el más grande vive en otro país. La veo a mi nieta y digo: es igual, hace bromas. Recuerdo que llegaba y entraba bailando desde la puerta, contento. Cuando era chico, era más hablador como es Rocío ahora y tenía una banda de rock. Cuando voy a buscar a su hija a la escuela, pienso, lo que hubiera sido que él la buscara…

-¿ Qué tenés para decirle a los altos funcionarios del estado?

-Les digo que lo busquen. Porque hasta ahora no hubo  ningún resultado.

– ¿Y qué le dirías a cualquier persona que sabe y no se anima a revelar qué pasó con el cuerpo de Facundo?

En nombre de la familia, les pido por favor que quienes sepan algo, por mínimo que sea, que nos ayuden a deshacer esta trama de impunidad. Con total reserva y discreción vamos a mantener la información porque necesitamos hacer el duelo, nosotros, y especialmente  su hija. Dejo estos datos para que se comuniquen al c.e.  [email protected] o a través del Facebook de Viviana María Alegre. Y también pueden hacerlo con la Fiscalía Distrito1, Turno 5, a cargo de Gustavo Dalma.

Marcha y festival

Este miércoles 19, concentran en Colón y General Paz, a las 16, para luego marchar hasta la Plaza Vélez Sarsfield donde se llevará a cabo una actividad que contará con la presencia de Vanessa Orietta, de Familiares contra el gatillo fácil, y de Nacho Levy, referente nacional de la organización La Poderosa. Habrá un festival musical y otras acciones de visibilidad. Piden puntualidad porque a las 18:30 se realizará el pañuelazo nacional convocado por organizaciones feministas en apoyo a la legalización del aborto.

Por Katy García
FuenteAgencia Prensared.
Fotografía: Bárbara Arias y Télam

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